Artículo
Encontrando el Equilibrio entre Estructura y Agilidad
12 feb 2026
Cuando una empresa crece, la intuición del fundador deja de alcanzar. Aparece la necesidad de profesionalizar la gestión y, con ella, grandes marcos de trabajo como Scaling Up o los OKRs.
Muchas empresas han implementado las famosas Rockefeller Habits de Scaling Up. Es un sistema que ayuda a poner orden, definir las “Cuatro Decisiones” (Personas, Estrategia, Ejecución y Efectivo) y crear una buena disciplina operativa.
Pero, en el camino del crecimiento, aparece una pregunta clave: ¿estamos adaptando el sistema a nuestra empresa o estamos forzando a la empresa a encajar en el sistema?
El sistema debe respirar
Todo sistema de gestión exitoso debe habilitar, no restringir. Un modelo muy completo y detallado es una ventaja para organizaciones que vienen del caos: aporta una paz operativa necesaria.
Sin embargo, lo que vemos en empresas que migran de sistemas más rígidos, como Scaling Up, hacia OKR no es que el primer método sea malo. Es que, al volverse muy protocolar, empieza a sentirse pesado, rígido y como una carga adicional de trabajo para el equipo.
Elegimos y promovemos los OKR precisamente por su flexibilidad. No son un manual rígido, sino un marco adaptable. Los OKR permiten que la estrategia respire y se recalibre cada 90 días, dando a los equipos espacio para innovar sin sentir que solo completan casilleros por obligación.
Es un sistema que impulsa organizaciones evolutivas, capaces de ajustar su estructura y estrategia según la respuesta del mercado y los cambios en el contexto.
Ayuda a tomar decisiones tácticas basadas en datos y construye una cultura de aprendizaje continuo.
Es, a mi parecer, lo más parecido al método científico para gestionar y liderar empresas.
Para los procesos, protocolos. Para la estrategia, agilidad.
A menudo se confunden los sistemas de gestión con las normas ISO o IRAM.
Estas normas son valiosísimas: establecen estándares de calidad, seguridad y procesos que son la base de muchas industrias. Aportan trazabilidad y confianza, fundamentales para operar en mercados exigentes.
Pero hay una distinción crítica que todo CEO debe hacer: los procesos operativos necesitan protocolos; la ejecución estratégica necesita agilidad.
Si tratamos la estrategia con la misma rigidez que un proceso de manufactura o seguridad, corremos el riesgo de asfixiar la agilidad. Un sistema demasiado rígido puede darte mucho orden, pero a costa de la velocidad y la capacidad de respuesta que el mercado exige hoy.
El sistema como un guante
Un buen sistema de gestión debe ser como un guante: proteger y dar forma a la mano, pero permitirle moverse con total libertad.
No se trata de elegir un único método ganador, sino de entender cuánta estructura necesita hoy tu equipo para no caminar a ciegas y cuánta flexibilidad requiere para no dejar de correr.
En Master Me Up creemos que la gestión no es un destino, sino una práctica constante de ajuste. Los OKR nos gustan porque permiten mantener ese Norte estratégico sin perder la agilidad de una organización que sabe pivotar cuando aparece la oportunidad.
Si sientes que tu sistema de gestión se ha vuelto pesado y quieres explorar cómo hacerlo más ágil y centrado en resultados, te invitamos a ver la repetición de nuestra última masterclass.
Allí mostramos cómo construir una arquitectura de gestión que se adapte a tu realidad, y no al revés.
Cuando una empresa crece, la intuición del fundador deja de alcanzar. Aparece la necesidad de profesionalizar la gestión y, con ella, grandes marcos de trabajo como Scaling Up o los OKRs.
Muchas empresas han implementado las famosas Rockefeller Habits de Scaling Up. Es un sistema que ayuda a poner orden, definir las “Cuatro Decisiones” (Personas, Estrategia, Ejecución y Efectivo) y crear una buena disciplina operativa.
Pero, en el camino del crecimiento, aparece una pregunta clave: ¿estamos adaptando el sistema a nuestra empresa o estamos forzando a la empresa a encajar en el sistema?
El sistema debe respirar
Todo sistema de gestión exitoso debe habilitar, no restringir. Un modelo muy completo y detallado es una ventaja para organizaciones que vienen del caos: aporta una paz operativa necesaria.
Sin embargo, lo que vemos en empresas que migran de sistemas más rígidos, como Scaling Up, hacia OKR no es que el primer método sea malo. Es que, al volverse muy protocolar, empieza a sentirse pesado, rígido y como una carga adicional de trabajo para el equipo.
Elegimos y promovemos los OKR precisamente por su flexibilidad. No son un manual rígido, sino un marco adaptable. Los OKR permiten que la estrategia respire y se recalibre cada 90 días, dando a los equipos espacio para innovar sin sentir que solo completan casilleros por obligación.
Es un sistema que impulsa organizaciones evolutivas, capaces de ajustar su estructura y estrategia según la respuesta del mercado y los cambios en el contexto.
Ayuda a tomar decisiones tácticas basadas en datos y construye una cultura de aprendizaje continuo.
Es, a mi parecer, lo más parecido al método científico para gestionar y liderar empresas.
Para los procesos, protocolos. Para la estrategia, agilidad.
A menudo se confunden los sistemas de gestión con las normas ISO o IRAM.
Estas normas son valiosísimas: establecen estándares de calidad, seguridad y procesos que son la base de muchas industrias. Aportan trazabilidad y confianza, fundamentales para operar en mercados exigentes.
Pero hay una distinción crítica que todo CEO debe hacer: los procesos operativos necesitan protocolos; la ejecución estratégica necesita agilidad.
Si tratamos la estrategia con la misma rigidez que un proceso de manufactura o seguridad, corremos el riesgo de asfixiar la agilidad. Un sistema demasiado rígido puede darte mucho orden, pero a costa de la velocidad y la capacidad de respuesta que el mercado exige hoy.
El sistema como un guante
Un buen sistema de gestión debe ser como un guante: proteger y dar forma a la mano, pero permitirle moverse con total libertad.
No se trata de elegir un único método ganador, sino de entender cuánta estructura necesita hoy tu equipo para no caminar a ciegas y cuánta flexibilidad requiere para no dejar de correr.
En Master Me Up creemos que la gestión no es un destino, sino una práctica constante de ajuste. Los OKR nos gustan porque permiten mantener ese Norte estratégico sin perder la agilidad de una organización que sabe pivotar cuando aparece la oportunidad.
Si sientes que tu sistema de gestión se ha vuelto pesado y quieres explorar cómo hacerlo más ágil y centrado en resultados, te invitamos a ver la repetición de nuestra última masterclass.
Allí mostramos cómo construir una arquitectura de gestión que se adapte a tu realidad, y no al revés.

